TERRITORIO DE JUEGOS

 

(Mª Luisa Alonso Berrojo)

 

 

“Vivir es defender una forma” (F.Hölderlin)

 

 

 

El verso del poeta alemán viene como marco más que adecuado y, a pesar de sus múltiples interpretaciones, para transitar por la obra de Fernando Suárez, tan llena como está de movimiento, de formas, de juego… ¡Tan llena de vida!

 

Ese territorio serio y concienzudamente descuidado en el que los niños se sumergen cuando juegan, donde la intensidad es norma y la vitalidad precepto, donde todo lo creado y lo imaginado se antoja tan real como la realidad misma y donde el espacio y el tiempo pertenecen sólo al que lo protagoniza, es el escenario en el que discurren personajes, objetos, construcciones, historias…Es el territorio del juego en el que muchos artistas, por no decir la mayoría, permanecen toda su vida:  viven en él y gracias a él…

 

En cada artista pervive, en cierto modo inmutable, el alma de un niño que no deja de jugar, de sorprenderse y de sorprender…Nada hay más serio para un niño ni más intenso que el instante de jugar. Ninguna acción es tan real como el juego y nunca se vive tan intensamente despreocupado como cuando jugábamos de niños. El mismo ardor y sudor, la misma intensidad y la misma emoción de sorpresa ante el hallazgo son los elementos que comparten espacio en el artista, junto con formación y pericia, en el proceso creativo.

Sin perder por ello un ápice de su madurez y maestría, sobre la obra de Fernando planea este espíritu seriamente lúdico y curioso que le lleva a mirar a su alrededor con ojos ávidos e intuitivos como si el mundo fuera una de esas escenas en las que, de las páginas de un libro entreabierto, van saliendo todo tipo de cosas y figuras que se ponen en movimiento y cobran vida. Luego, con todos esos fragmentos animados ya sea un batir de alas, zambullidas en aguas claras, el balanceo de un cuerpo o la dinámica de un coche en marcha se componen escenarios congelados aparentemente frágiles pero sólidamente densos donde la representación del movimiento suspendido adquiere naturaleza propia.

 

Decía Noguchi que “el peso es lo que da sentido a la ingravidez” y ese diálogo entre dos aspectos antagónicos se manifiesta como una constante en los juegos permanentes de personajes suspendidos de un cable, sumergidos en bloques de silicona, en un moderno Icaro a punto de levantar el vuelo o en el choque de un automóvil contra la pared. Al tiempo que sirve, también, para contraponer otros dos antagónicos: la ligereza del movimiento frente a la rigidez del hierro. O la densidad opaca del metal frente a la densa pero traslúcida calidad del poliéster. Pero Fernando juega mucho con muchas cosas. Registra, incansable, todo aquello que puede transformar en hierro y contar en pequeñas (o no tan pequeñas) historias cuyo final tenemos que imaginar.

 

La Naturaleza es una de sus diversas fuentes de referencia. Parece haberse tomado muy en serio el punto de vista de aquel maestro de la antropomorfia y el movimiento que fue Rodin al señalar que “Hay fuerzas desconocidas en la naturaleza, cuando nos entregamos por completo a ella, sin reservas, ella nos las proporciona, nos muestra formas que nuestros ojos no ven y nuestra inteligencia no comprende ni imagina”

 

El mundo natural es un vasto referente de inestimable riqueza en formas, colores, ritmos, texturas y todo tipo de manifestaciones susceptibles de recreación, creación, síntesis, interpretaciones e incluso como proveedor de material artístico.

 

Como a toda persona sensible en este tiempo que nos toca, y en el que la amenaza que se cierne sobre la Naturaleza es demasiado alarmante, a Fernando le ocupa y preocupa la agresión por parte de las actividades humanas. Resulta curioso observar que así como las figuras humanas se presentan en continuo movimiento y desarrollando una actividad a veces frenética o donde se requiere alta participación física, en las figuras de animales se percibe una calma pasividad, un mayor estatismo y una distancia que no se atempera a pesar del uso de pletinas de acero y la personal manera de construir el volumen. Es como si el animal nos observara a nosotros sabedor de lo mucho que los humanos podemos complicarle la vida…Y existe en ello cierta grandeza y dignidad. De este modo, se compenetra lo grandioso de la representación clásica con un modo contemporáneo de modelar y de utilizar el material industrial y dota a las figuras animales de la misma dimensión trágica del héroe solitario. Majestuosa aparece en su simplicidad la figura del gorila o el buitre, distantes en su plenitud y rotundidad pero poética y dolorosamente solos.

 

La profusa y versátil curiosidad de Fernando y su búsqueda de escenarios imaginables le han llevado, también, a explorar arquitecturas y construcciones pasadas, presentes y “futuras”. De los palafitos neolíticos pasando por estructuras industriales hasta construcciones que parecen sacadas de una “guerra de galaxias” para abundar de nuevo en el efecto de herrumbre y el juego horizontal-vertical, huyendo de la monumentalidad para construir a la escala de nuestros ojos y hacernos espectadores o miembros de ciudades fantasmagóricas, deshabitadas e inhabitables pero que existen y existieron en un lugar y un tiempo, a la vez real que imaginario. Y donde continúa el juego entre la visión de ligereza de las construcciones orientales y la idea de pesadez de estructuras industriales, o el movimiento de naves galácticas frente al estatismo de ruina moderna. Son muchos los fotógrafos del momento preocupados por plasmar las imágenes del vacío y la desolación que ocupa un espacio donde hubo y se desarrolló vida y actividad. Y también existe en estas obras esa atmósfera de misterio y soledad.

 

Pero lo que me gusta de las esculturas constructivas de esta exposición es una especie de poética y sutil ironía que impregna obras como “puente diálogo”, “casas orgánicas” o “en construcción”.

Aunque se ha escrito mucho (y para muchos así es) sobre la inspiración y deuda de esta obra con el cómic tanto en la iconografía como en la estética del fragmento y la técnica de la secuenciación que, por cierto, es propia de nuestra cultura, y en parte, así es, lo cierto es que hay referentes mucho más amplios y diversos… Comenzaba el texto hablando del juego como la actividad mas seria, creíble y real del universo infantil. Y así como la curiosidad de los niños llega a ser insaciable y todo les sirve para imaginar un mundo paralelo, también el artista es un gran percibidor que acude a todo y bebe de todo y, luego de pasarlo por su filtro, devuelve algo que siempre estuvo allí pero que existe de nuevo y vuelve a estar vivo bajo otras formas. Me vienen a la mente las iluminaciones ambarinas y los espacios subterráneos de aquella delirante joya cinematográfica que fue “Delicatessen” o “Las Ciudades invisibles” y veo a Fernando como un moderno Marco Polo en diálogo permanente con Kublai Khan, sin dejar de buscar mundos y explicaciones…

 

Pero voy a volver a Hölderlin para seguir defendiendo la vida en estas “Formas”

 

 

“¿Acaso no te son conocidos muchos seres vivos?

 ¿No se deslizantes pies por la verdad como por una alfombra?

¡Entonces, genio mío,

entra desnudo en la vida y no te aflijas!

 

¡Que sea para bien todo cuanto te suceda!

¡Concuerda con la alegría!

¿Qué podría ofenderte el corazón?

¿Qué impide que sigas tu camino?

 

 

(María Luisa Alonso)

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